¿ Cuándo dejasteis de creer en los cuentos? No sólo en los de hadas, me refiero a aquellos que nos contaban de pequeños: los de los hermanos Grimm,Perrault, Andersen…¡ Ahh, los de Andersen…! ¡Cuàntas horas de mi vida dediqué a pasar sus páginas, perdiéndome en esos dibujos de finas líneas!; a penas eso bastaba para perderme en el paisaje y adentrarme en el bosque, era de noche, pero las luciérnagas me guiarían por el camino serpenteante, o quizás, sólo tenía que seguir las migas de pan, ¿o era la senda de losas amarillas?, con cuidado de no quedarme dormida entre las amapolas, hechizada por su envolvente aroma.
Otras veces me encontré con unos singulares hombrecillos, ¡siete exactamente! que me conducían alegremente hasta su hogar entre canciones y pegando saltitos. Aunque sin duda la aventura que más me cautivó fue aquella en la que caía por el agujero de un tronco hueco persiguiendo a un conejo blanco. En la caída perdía siempre mi zapato de cristal, -“¡es tarde querida, ya van a dar las doce!”repetía el conejo -que se quedó olvidado en las escaleras de no sé qué palacio, esperando ser recogido por el príncipe del reino de un país lejano.
¿Cómo volvería a casa? recuerda lo que te dijo la bruja buena del Norte: “chasqueando los tacones de rubíes tres veces, ellos te llevarán donde realmente deseas estar”.